lunes, 6 de octubre de 2014

Del Neohumano I


La plaza del pueblo se encuentra abarrotada, por doquier cientos de personas se mueven sin un fin determinado, lo único que buscan es una buena oferta en el mercado. Hablan sobre los quehaceres de la vida, discuten, parlotean, critican... En síntesis expresan la sociedad humana, todos platican sin escucharse, andan y se mueven para satisfacer sus necesidades, olvidan que junto a ellos hay otros que buscan el mismo cometido, no se detienen ni un segundo a observar los ojos de los que le rodean. De súbito una mujer mayor cae de bruces al tropezarse con una baldosa saliente del firme, a su alrededor se monta una gran algarabía. Todos comentan el percance de la mujer, pero nadie se ha arrodillado para ayudarla. Durante unos segundos olvidan el hecho acontecido y solo piensan en la situación en sí. La pobre señora, ensillada en el suelo, tiene que pedir ayuda al ver que ninguno de los presentes la socorre, pero aún con el auxilio en la boca todos los congregados se miran esperando que "alguien" lleve a cabo el rescate, los segundos pasan y algunos de los que se habían detenido, al observar que no conocen a la mujer, comienza a dispersarse dando sentido sin conocimiento a lo que ha ocurrido (La mujer estaba borracha y seguro que se ha caído por ese exceso de vino, yo no ayudo a borrachos.) Los más cercanos que han visto el suceso se comienzan a plantear si la mujer realmente estaría bebida y el tropiezo sea el resultado de aquella borrachera puesto que el suelo lleva así mucho tiempo y poca gente ha sido la que se ha tropezado con aquel saliente.

La pobre anciana mira anhelante a las personas, que en dispersión la continúan observando y se plantean si alguien podrá ayudarle a ponerse en pie para continuar con su camino y poder volver a casa sin mayores problemas. Casi todos los ciudadanos que rodeaban a la anciana se han ido, las personas parecen haber vuelto a sus cometidos, observan a la mujer tumbada pero intentan acallar la voz que le pide que socorra a aquella pobre anciana. Sin más aparece una pareja (una mujer y un hombre) en un primer envite nada los distingue de los demás, su figura es muy parecida a los humanos que los rodean, sus vestimentas son idénticas a la de los demás ciudadanos, sus cabellos peinados y acicalados... Pero en sus ojos se denota un brillo diferente, sus pasos son firmes, su mirada observa a todos los transeúntes de la plaza sin sentirse ruborizados por ello, intenta ver en cada uno de los seres que les rodea su esencia, "su alma", su razón. No obstante los que son observados se sienten mal ya que esta pareja consigue penetrar en su adentros, logran leer los corazones de todos los que se cruzan en su camino y hasta llegan a conocer sus más oscuros pensamientos, sin embargo por más maldad que ven en su interior, la pareja no les reprocha nada con la mirada, simplemente sonríen y continúan su camino, ya que los "antiguos" no quieren hablar sobre los que les preocupa, prefieren esconder sus preguntas en su interior y taparlo con kilos de compasión, devenir, destino, predeterminación, dioses, incapacidad...

La pareja "extraña", según la denominan sus compatriotas, se encuentran con la anciana caída; sin pensar un segundo se agachan y atienden a la mujer, le preguntan por lo ocurrido y ésta sin dejar de mirarlos a los ojos le cuenta todo, mientras la chica escucha pacientemente a la anciana, el joven se afana en arreglar la baldosa saliente para que nadie más tropiece con aquel reborde. En pocos minutos la anciana ya se encuentra en pie y acompaña a la pareja en sus compras, mientras andan la anciana les abre su corazón, se siente con confianza de expresar sus preguntas, sus inquietudes, sus necesidades y la pareja responde, cuestiona y reflexiona sobre las ideas de la mujer. La señora se siente plena al sentir que todo lo que le preocupaba tiene respuesta en sí misma, pero esta felicidad mengua cuando las campanas de la iglesia suenan estruendosas. La anciana parece salir de la nube de reflexión en la que se había instaurado y recuerda la llamada de "dios", inmediatamente acusa a la pareja de haberla demonizado y haberle metido en la cabeza "ideas extrañas", los chicos solo sonríen a las palabras de la anciana pero esta como loca vuelve corriendo a la iglesia buscando la moral prediseñada que esta le ofrece y retomando de nuevo todos sus problemas "imposibles de resolver”.


"Vuestros oídos aun no están preparados para los que os quiero decir." F.W. Nietzsche.

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